El objetivo médico de la vacunación es provocar en el cuerpo de un ser humano, mediante la inoculación del agente que provoca una enfermedad determinada (un microorganismo vivo, muerto o atenuado), un incremento de las defensas mediante la producción de anticuerpos.
El primer resultado que se consigue es que la persona vacunada tiene muy pocas probabilidades de padecer la enfermedad contra la que se inmunizó, ya que la protección varía del 70 al 95 por ciento según las vacunas. El segundo resultado se obtiene cuando la gran mayoría de los integrantes de una comunidad han sido vacunados: el agente responsable de la enfermedad no puede ya dispersarse y choca contra el muro constituido por el conjunto de las personas protegidas. De este modo no puede producirse la epidemia, es decir la infectación simultánea de muchas personas por dicha enfermedad. Como último resultado, otras enfermedades infecciosas podrían ser erradicadas del planeta, como ocurrió con la viruela.
Existen seis enfermedades que son objeto de un programa especial de lucha de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), que están presentes en todos los calendarios de vacunación: difteria; tétanos; pertussis, coqueluche o tos convulsa; poliomielitis; sarampión; y tuberculosis. Veamos de qué manera se manifiesta cada una de ellas y cuáles son las vacunas disponibles hoy para mantenerlas alejadas del ser humano.